Lorenzo Shakespear

el

DISEÑO GRÁFICO  // ARGENTINA

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¿Por qué elegiste el diseño como una Carrera en tu vida?
El diseño siempre fue parte de mi familia y de mi casa. No existe en mi memoria un espacio en el que el diseño no haya estado presente. Que se convirtiera en mi carrera y en mi vida era inevitable.
Sólo basta observar la producción e incidencia de mi padre en la profesión para entender que esto no es una exageración.
Con eso como plataforma, vale decir que mi acceso al diseño fue, quizás sorprendentemente, empírico.
Desde que tengo uso de la razón (y desde antes también) los libros, las imágenes, el arte, la música, las ciudades, escuchar, el cine, la gente, la historia, la conversación y todas las formas de interacción y contacto que se nos plantean en la vida, tuvieron enorme relevancia de forma individual.
Fue sólo cuestión de tiempo descubrir que la voracidad por todas esas experiencias era parte de la vida misma y que la superposición y conexión sistemática entre ellas iba formando un entramado de posibilidades que son el ADN del diseño que me interesa.

¿En que medida tu crees que ser un diseñador latinoamericano te distingue y destaca de otros diseñadores en el mundo?
No creo que ser un diseñador latinoamericano me distinga o destaque de otros diseñadores en el mundo. Quizás lo particular son las condiciones y contextos en los que el diseño latinoamericano sucede y cómo éstos determinan respuestas y posibilidades profesionales distintas y a la medida de las
complejidades locales. En simultáneo, las complejidades comerciales, legales y estratégicas del negocio de diseño redefinen sus tiempos, sus formas y hasta su función en todo el mundo. El ámbito digital plantea al diseño un desafío aún mayor al de la globalización. Para todos.

¿Cómo ves el diseño en tu país?
Argentina, como todos los países, es un país complicado para el diseño. Y seguramente, como en todos los países, la complicación mayor seamos los mismos diseñadores. Dicho esto, la profesionalización del diseño en los últimos veinte años fue vertiginosa. El diseño es una industria más potente que lo que creemos y esto se debe a que los indicadores sobre su escala y alcances no encuentran forma estadística aún. La reputación internacional del diseño argentino es grande y orgullosa y este antecedente se fortalece cada vez más desde que miramos menos al diseño europeo y norteamericano y
pergeniamos una fórmula indescifrable del diseño vernáculo, con sabor internacional.
Creo que, no casualmente, fenómenos parecidos están sucediendo en el resto de la región.

¿Cuál es tu fórmula íntima e ideal de trabajo para ser más efectivo al momento de diseñar?
Una de las claves de mi trabajo es que dedico tanto tiempo al diseño como a la construcción del vínculo con quien requiere nuestros servicios. Valoramos sus expectativas en nuestras capacidades, nos conectamos con las razones que motivaron nuestra contratación, con la complejidad de su mercado,
con las particularidades del temperamento de nuestro interlocutor y con la mirada de sus clientes.
Entendemos, entonces, como piensa nuestro cliente que piensa su cliente. A partir de ahí, todo vale.
Si no podemos encarnar en el cliente de nuestro cliente, no será un buen trabajo. En ese caso, no vale la pena hacerlo. De la misma forma, si el cliente no nos permitiera construir una relación con él, el trabajo sufrirá las consecuencias de nuestro desapego. Como en toda actividad humana, los vínculos
lo determinan todo.
Una vez planteada la estructura y calendario de trabajo, la aproximación a todos los trabajos es empírica.
Ahí es cuando cumplen un papel fundamental los viajes, el instinto, la experiencia, el conocimiento, los libros, las conexiones, las influencias, y, por qué no, un poco de magia.

¿Cuáles son los errores más comunes que cometen algunos diseñadores al momento de encarar un proyecto de diseño? 
Llamarlos “errores” es un juicio muy grande. Cada uno hace lo que quiere y lo que puede. Muchos diseñadores empiezan dibujando, o buscando referencias, o abrevando en su proceso de activación de ideas de preferencia. En cualquier caso, cada uno debe ser consciente de que, en gran medida, las decisiones, los rumbos y las formas de sus procesos de trabajo, condicionan el tipo de trabajos a los que accederán y cómo serán percibidos por el mercado.
En mi experiencia, el comienzo está siempre relacionado directamente con la calidad, cantidad y claridad de información a la que haya sido capaz de acceder. Y con su procesamiento. Con entender.
Esto debe suceder en el momento de las entrevistas iniciales y procesarse con agilidad mientras la memoria está fresca y excitada con el nuevo trabajo; se lleva, también, gran parte del tiempo y energía del proceso. Una vez que esa parte construyó o evocó significados, el trabajo empieza a encontrar expresión visual.

¿Qué consejo darías a una persona que está por elegir esta carrera o empezando a trabajar en ella?
Para alguien que está por elegir la carrera de diseño:
Diseñar no es resolver cómo se ve algo sino qué valores representa. El diseño funciona como una fuerza diferenciadora, coordinadora y estimulativa, no decorativa. Una marca, un libro, una señal o un servicio bien diseñado, crean una expectativa que precalifica la relación emocional con su público. Diferenciación, franqueza y visibilidad son hoy sinónimos de claridad. La claridad trae transparencia y la transparencia confianza. Quien es previsible, en un escenario caótico, gana. Quien planifica en un lugar desorganizado, aumenta su valor.
Una de las grandes complejidades del diseño es que no se puede descomponer el valor de una emoción en datos en una planilla. Es por eso que, en términos de la relación diseñador cliente, experiencia, buen diseño y confianza son inseparables.

Para alguien que está por empezar a trabajar en el universo del diseño:
Una de las claves de nuestro trabajo es que verdaderamente creemos en el vínculo con quien requiere nuestros servicios de diseño y valoramos sus expectativas en nuestras capacidades. Tenemos la habilidad de conectarnos con las razones que motivaron nuestra contratación, con la complejidad de su mercado particular, con la mirada de sus clientes y con las particularidades del temperamento de nuestro interlocutor, para entender, entonces, como pensar en su contexto. A partir de ahí, todo vale.
Pero si no nos convertimos en nuestro cliente, no será un buen trabajo. En ese caso, no vale la pena hacerlo.
El diseño no es un trabajo visual. Es intelectual y sus procesos incluyen el gerenciamiento de sí mismo tanto como la generación de formas de comunicación pragmáticas de las que se esperan resultados.
Es la única manera de trascender el dibujito y asumir, tarde pero con convicción, que es un trabajo y un negocio. No una vocación

Los 5 libros importantes que todo diseñador debe leer:

Cinco libros es una miseria espantosa. ¡Son cientos!

  • Cien años de soledad. Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez.
  • Hamlet. Macbeth, de William Shakespeare.
  • The art of looking sideways, de Alan Fletcher.
  • From Lascaux to Brooklyn, de Paul Rand.
  • El diseño de comunicación, de Jorge Frascara.

Las 5 personas que todo diseñador debe conocer:

Como con los libros, 5 personas es poco.

Josef Müller Brockmann, Paul Rand, Dieter Rams, Alan Fletcher, Manolo Blahnik, Milton Glaser, Steve Jobs, Alexander McQueen, Ludwig Mies van der Rohe, Max Miedinger, Wes Anderson, Massimo Vignelli, Ken Robinson, Alfred Hitchcock, Mark Rothko, Saul Bass, Orson Welles, Bob Gill, Frank Lloyd Wright, Leonardo da Vinci… La lista es interminable.

Tu frase motivadora favorita es:

El diseño no empieza y termina. Es un proceso, una manera de conducir una cultura determinada, de aumentar su valor, de definir su competitividad, de manifestarla con claridad.
Mientras que la autenticidad inspira confianza, la sensación de su ausencia causa incertidumbre y plantea dudas. Por eso, a menos que el diseño que hayas concebido represente ideas y recursos convincentes que impregnen el modo en que se comporta, se ve, y dialoga con la gente, estará incompleto.
—Lorenzo Shakespear

La máxima inspiración es el deadline.
—Nolan Bushnell.

El cansancio te estupidiza.
—Neil Peart

Lo que sea que debas hacer, hazlo ya. Las condiciones son siempre imposibles.
—Doris Lessing.

El talento es suerte. Lo importante en la vida es el coraje.
—Woody Allen.

Nadie dijo que sería fácil.
—Lorenzo Shakespear

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